El automóvil que estaba delante del mío retrocedía hacia mí, Yo estaba completamente quieto, esperando que la luz del semáforo cambiara. Como estábamos parados en una leve pendiente, el automóvil seguía deslizándose hacia mí, y aunque hice sonar la bocina preventivamente, sentí un ruido: el ruido del vidrio de mi faro delantero. Segundos más tarde, el semáforo puso su luz verde y el otro vehículo aceleró, siguiendo como si nada hubiera pasado. Lo seguí hasta que en el próximo semáforo pude hablar con su conductor.
Acabo de escaparme por un momento de una conferencia, en medio de las sierras de Córdoba. Estoy sentado sobre una roca cerca de un arroyo cuyas aguas corren en derredor mío. Mirando hacia arriba veo pasar algunos pájaros... y a mi alrededor, incalculables planta verdes de diversas tonalidades y texturas que inundan mi vista. Espero que no sea un pecado demasiado grave el que me haya escapado de una de las sesiones, algo aburrida, que por cierto poco reflejaba la imagen de Dios.
Los desafíos, alientos y exhortaciones de Lausana II en Manila
¿Cómo debemos aconsejar? ¿cómo determino y me aseguro de que mi consejo es el Consejo de Dios? Dicho de otra forma ¿cómo puedo dar el consejo acertado para una situación determinada? Para responder a estas preguntas el artículo provee tres factores fundamentales que todo consejero debe considerar cuando hace su tarea: la naturaleza dependiente del hombre, el patrón de medida y los sistemas teológicos.
Solo Dios conoce el futuro. Quienes han tratado de predecirlo en el pasado, con la excepción de tos santos profetas, rara vez han dado en el blanco.
Al entrar en aquella iglesia conté y sólo éramos seis asistentes. Unos minutos más tarde entró el séptimo "feligrés", quien tras olfatear, en la búsqueda de un buen lugar para dormir, se ubicó debajo del último banco. El pastor comenzó el culto, cantamos lo mejor que pudimos, sin instrumento alguno, pero con gratitud en nuestros corazones.




