Usar bien una ilustración es, tal vez, la parte más difícil de una buena prédica.
¿Cuántas veces nos hemos encontrado en situaciones en que nos ofrecen ciertas ventajas, con tal de que cedamos en nuestros principios? ¿Mantenemos entonces nuestra integridad o nos acomodamos?
La simplicidad nos permite alabar a Dios y darle gracias en todas las circunstancias y por todo lo que nos suceda, aunque sea doloroso, o desagradable, o contrario a nuestros intereses, pensando que nada ocurre sin que Dios lo permita.
Existe una forma muy fácil de perder a los que hemos alcanzado: dejarlos solos. ¿Qué está haciendo su iglesia para proveer un discipulado sostenible?
Aprendamos a administrar con sabiduría los recursos que Dios ha puesto en nuestras manos.
Aceptar la voluntad de Dios puede hacer la gran diferencia entre vivir una vida abundante o vivir frustrada y amargada.




