Las lágrimas son un regalo de alto, una forma de liberar presiones y experimentar la sanidad que solamente Dios puede dar. Varones, ¡no se priven de está bendición!
Necesitamos un equilibrio sano entre la aperura al cambio y la conservación de las tradiciones inamovibles. La institución que no da apertura al cambio para dar lugar a la renovación, manteniendo su esencia, muere.
Hoy iniciamos esta serie de cinco partes en la cual el autor nos invita a reflexionar acerca del amor de Dios. El amor de Dios por nosotros no es de hoy ni de ayer. Nos ha amado desde antes que viniéramos al mundo. Si Dios nos ama hoy, nos ha amado desde siempre, pues Él no cambia.
Las mujeres establecemos una comunidad a medida que dejamos de lado nuestras pretensiones y ofrecemos el amor de Dios.
Serie: La fidelidad del predicador.
Dios nos invita, en Cristo, a recuperar nuestra vocación de ejercer dominio sobre la tierra.




