Hablar de discipulado es hablar de transferencia de vida. Jesús hablaba de un proceso, no de un suceso, en el que van involucrados variedad de asuntos y disciplinas espirituales. En mi estudio personal sobre discipulado encontré definiciones de algunos que han sido reconocidos como expertos en dicha materia.
La vida entera de Jesús fue una lección de humildad. Él la enseñó no sólo de palabra sino, sobre todo, con su ejemplo y su conducta, desde su nacimiento hasta la tumba.
El encuentro de Jesús con las dos hermanas, en Lucas 10.38–41, pareciera ubicarnos entre la espada y la pared. ¿Cuál es la «mejor parte» que escogió María?
¿Cuál será la peor desgracia para el pueblo de Dios? ¿Ir tras otros dioses, o la permanente y constante tentación de «domesticar a Dios»? La mayoría ha hecho eso con Jesús. ¿Cuál, entonces, es el verdadero Jesús que revelan los evangelios? Él no puede ser comprendido, enmarcado ni contenido por ningún enunciado humano...
Los quebrantados y desanimados, sin embargo, no andan en busca de una fórmula, sino de una persona que demuestre hacia ellos compasión.




