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Familia

Una sabia inversión

9 diciembre, 20091224 visitas

El matrimonio puede ser, para el pastor, fuente de gozo y fortaleza frente a las intensas demandas del ministerio. Cuando los desafíos del pastorado son compartidos en forma apropiada pueden llevar a una mayor intimidad, a medida que la pareja busca el socorro y la gracia que vienen de lo Alto para abarcar las diferentes dimensiones de la obra.
Cultivar un matrimonio que satisface las necesidades de ambos cónyuges es un importante componente de la salud emocional y espiritual. Trabajar hacia el desarrollo de esta clase de relación es una de las formas con que, como pastores, buscamos hacer la voluntad del Señor. La congregación local será la gran beneficiaria de este compromiso, pues ella se nutre del bienestar que el pastor experimenta en el seno del hogar. Un matrimonio satisfactorio no es un estado, sino la suma de momentos que aportan hacia el desarrollo de una relación. Permita que su matrimonio añada riqueza a su ministerio
Si bien un pastor puede experimentar profundas alegrías y satisfacciones en el ministerio, probablemente no exista sobre la tierra una actividad o relación que pueda llenar tanto el corazón de una persona como el matrimonio. Del mismo modo, cuando el matrimonio es fuente de angustia, contiendas y rencor, empaña todas las actividades en las que estamos involucrados, aun cuando estas no sostengan ningún contacto con el hogar.
Invertir en el matrimonio no tiene por qué entenderse como algo que le resta a los pastores tiempo para realizar la obra «más importante» del ministerio. Resista la tentación de ver su matrimonio como algo que compite con su función pastoral y comience a mirarlo como el complemento ideal para el ministerio. Descarte el concepto de la competencia y conciba la inversión en el matrimonio como un esfuerzo que le facilita llevar a cabo con mayor alegría y dedicación el trabajo de pastorear al pueblo de Dios. El desafío será lograr la clase de equilibrio que le permite disfrutar de su hogar sin sentirse culpable frente a la congregación, trabajar en la iglesia sin sentirse cargado por el tiempo que le quita a su familia.
Recuerde que un buen matrimonio es fruto de un proceso
Nadie puede restaurar un matrimonio dividido con una inversión aislada, ni tampoco se puede disfrutar de la intimidad en pareja sin dedicar el tiempo y esfuerzo a cultivar las cualidades que la permiten. Toda relación matrimonial es la combinación de pactos y celebraciones —la primera salida, el primer beso, el compromiso, la boda, la primera noche, la llegada de los hijos, y otros acontecimientos significativos en la vida de la pareja. Pero el matrimonio también se construye con momentos en que espontáneamente expresamos nuestro amor, agradecemos a la otra persona por su amistad, pedimos perdón por las ofensas, aclaramos los malos entendidos y trabajamos juntos para el bien común de la familia. Un matrimonio satisfactorio no es un estado, sino la suma de momentos y eventos que aportan hacia el desarrollo de una relación que perdura a través de las tempestades y los desafíos de la vida.
Sea deliberado a la hora de invertir en su matrimonio. No espere que las oportunidades aparezcan; más bien tome la iniciativa y planifique actividades que le añadan belleza a la experiencia de vivir juntos. No se trata de grandes inversiones de tiempo ni monetarias sino, más bien, de pequeños momentos en cada día que permitan mantener fresca y romántica la relación con su cónyuge. Esta clase de inversiones son las que hacen la diferencia a la largo de los años. Anote en su agenda periódicamente algun evento especial que le brinde la oportunidad de expresarle a la otra persona cuán agradecido está por la oportunidad de compartir juntos. Reconozca las señales de alerta
En demasiados matrimonios cristianos existe un aire de resignación frente a las dificultades que experimenta la pareja, como si estuviéramos condenados a vivir de esta manera para siempre. La mayor parte de este deterioro, sin embargo, es el resultado de no haber prestado atención a las señales que nos alertaban de algo que no estaba funcionando como debía. Se trata de reclamos que no fueron atendidos, dolores que no fueron compartidos, desilusiones que fueron disfrazadas, conflictos que no fueron resueltos. Todas estas experiencias son comunes en los matrimonios, pero, a largo plazo, consiguen erosionar las bases de una buena relación cuando son desatendidas. Los integrantes del matrimonio deberían monitorear constantemente los sentimientos, las conversaciones y los pensamientos que son parte de la vida cotidiana, pues nos darán importantes pistas acerca de lo que está ocurriendo en la relación. Intervenga en situaciones potencialmente peligrosas antes de que se vea obligado, por las circunstancias, a hacerlo en contra de su voluntad.
Viva por principios espirituales
Practique a diario los valores espirituales que son el fundamento de una vida victoriosa en Cristo: la gracia, la compasión, el perdón y la misericordia. Existe algo irresistiblemente atractivo en el matrimonio cuya vida está fundamentada en los principios bíblicos que encontramos en la Palabra. No obstante, muchos matrimonios cristianos practican su vida espiritual solamente fuera del hogar, cultivando en el hogar su relación según parámetros comunes al hombre de la calle. Cuántos conflictos se hubieran manejado de otra manera si el matrimonio se hubiera resistido, por ejemplo, a dejar que el sol se pusiera sobre su enojo, o si hubiera evitado, tal como exhorta Pablo a los Efesios, toda «amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia, así como toda malicia» (4.31).
Inserte a su matrimonio en la agenda
Los pastores generalmente utilizan una agenda de actividades, la cual siguen con bastante fidelidad. Muchas veces, sin embargo, creen que allí deben ir escribir solamente las actividades y los compromisos oficiales del ministerio. No obstante, la agenda también sirve para organizar las actividades y los compromisos personales y espirituales del pastor. Es una lástima que la familia y el matrimonio tengan que manejarse con los espacios que sobran dentro de la agenda, cuando son una prioridad en la vida del pastor. Por esto, algunos han encontrado sumamente útil insertar en la agenda los compromisos —no negociables— que se compartirán en pareja o en familia. De esta manera se evitarán conflictos por la necesidad de reacomodar la agenda a último momento, por compromisos familiares que «fueron olvidados». Cuando alguien propone alguna actividad que entra en conflicto con los compromisos familiares registrados en la agenda usted podrá, legítimamente, responder que ya posee un compromiso en ese horario.
Celebre periódicamente el privilegio de estar casado
Cuando comienza el matrimonio experimentamos la euforia y el entusiasmo que naturalmente genera en nosotros toda experiencia nueva. Pero lentamente desaparecen estos sentimientos, para dar lugar a la rutina y el acostumbramiento. Es muy fácil, en ese entorno, tomar por sentado el lugar que ocupa la otra persona en nuestra vida, dejar de agradecer la multitud de pequeños sacrificios que hace a diario a favor de la familia. No permita que esto ocurra en su matrimonio. Anote en su agenda periódicamente alguna salida u otro evento especial que le brinde la oportunidad de expresarle a la otra persona cuán agradecido está por la oportunidad de compartir juntos la aventura del matrimonio. Estos momentos mantendrán viva la pasión en la pareja y le permitirá saber a la otra persona que es valiosa e importante. Aproveche las oportunidades de cada día para expresarle a su pareja, por todos los caminos posibles, el amor que usted cultiva por ella. No se trata aquí del amor que uno «siente» por el otro —aunque estas sensaciones no dejan de ser importantes—, sino de ese amor que es fruto de un pacto asumido con el mismo Señor. Tales afirmaciones fortalecen y nutren la relación, de tal manera que les da la capacidad de hacerle frente a las peores tormentas que les pueda presentar la vida.

©Copyright 2009, publicado en Apuntes Digital II-4. Todos los derechos reservados.

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