Amsterdam 2000
El privilegio de contemplar aquella multitud de evangélicos, pertenecientes a diferentes razas y culturas, y escuchar sus alabanzas al Señor era como un anticipo del culto que le ofreceremos en la patria celestial al Cordero que fue inmolado por nuestra redención.
Amsterdam 2000, fue un gran festival de evangelización. Allí nos llegó la voz convencida y convincente de algunos de los más notables evangelistas de la segunda mitad del siglo veinte animándonos a proseguir la tarea de alcanzar a otros con el Evangelio del Señor Jesús. En general, el programa fue variado, dinámico, y de buen gusto. Cada noche nos esperaba una grata sorpresa. Especialmente para los que somos de la tercera edad fue un privilegio ver y escuchar una vez más “en vivo a todo color” a Cliff Barrows y George Beverly Shea, Graham, Barrows y Shea han llegado a ser uno de los símbolos de la evangelización de multitudes en la Iglesia contemporánea. Los que hemos seguido de alguna manera la trayectoria de Billy Graham y sus colegas más cercanos no pudimos evitar un sentimiento de nostalgia cuando George Beverly Shea, de edad ya avanzada, cantó emocionado algunos de sus cantos favoritos.
El Dr. Billy Graham, a quien la prensa secular de su país le ha llamado “el decano de los evangelistas norteamericanos”, fue el gran ausente por motivos de salud; pero estuvo ausente en lo físico, no en lo espiritual. Su presencia se hacía sentir de manera especial cuando los predicadores lo mencionaban con respeto y gratitud, y cuando orábamos por su pronta recuperación. La última noche del Congreso recibimos de él su breve mensaje por medio de un video.
Durante el Congreso corrió el rumor de que Franklin Graham asumirá la presidencia de la Asociación sin abandonar el ministerio que bajo el nombre de “La Bolsa del Buen Samaritano” se ocupa en la asistencia social. De ser esto así, tanto el ministerio de la proclamación del Evangelio como el del bien hacer estarían juntos, bajo la dirección de Franklin Graham, y seguirían la enseñanza del Pacto de Lausana sobre la misión integral.
Amsterdam 2000 incorporó un grupo de reflexión sobre la Teología de la Evangelización. Dirigió este grupo el Dr. J. I. Packer, uno de los más respetables expositores del Texto bíblico en la actualidad. Se presentaron temas de sumo interés. Por ejemplo, “Teología Transcultural y Contextualización”, “Pluralismo Religioso y Diálogo en la Evangelización. Evange-lización y Derechos Humanos”; “Hermenéutica, Posmodernismo y Verdad”, y “La Singularidad de Cristo”. Es una lástima que no hubiéramos podido leer previamente estas ponencias para discutirlas con amplitud en el grupo de reflexión. Esta ha sido también la experiencia con otros congresos nacionales, regionales, y mundiales de tiempos recientes. La situación se agrava cuando se incluyen dos ponencias en cada sesión, y, a veces, dos personas reaccionan a cada uno de los tema desde la plataforma. Total, el tiempo para las preguntas y los comentarios de la audiencia se reduce a pocos minutos. Todo se hace de prisa, bajo la tiranía del tiempo que nosotros mismos hemos tiranizado en nuestra programación.
La Declaración final de Amsterdam 2000 es bíblica, evangélica y evangelizadora. Es lo que normalmente se esperaría de un congreso de evangelización. Pero no iguala ni mucho menos supera al Pacto de Lausana en cuanto a su impacto misionológico. Y que conste, este Pacto es también el fruto de un congreso de evangelización auspiciado por la Asociación Evangelística Billy Graham y celebrado en Lausana en 1974. Por supuesto, las circunstancias son ahora diferentes, aunque no menos cruciales que las de ese entonces. El Pacto de Lausana vino en un momento crítico en el que especialmente muchos evangé-licos de los dos tercios del mundo esperábamos del congreso reunido en aquella ciudad suiza una palabra que nos ayudara a ser pertinentes en el cumplimiento de la misión cristiana en nuestra realidad social. El efecto del Pacto de Lausana llegó a ser tan profundo e inquietante en la comunidad evangélica mundial que fue necesario celebrar la Consulta sobre Evange-lización y Responsabilidad Social en Grand Rapids, Michigan, en 1982, para aclarar conceptos de dicho pacto.
Con todo, Amsterdam 2000 vino a reafirmar nuestro compromiso de seguir anunciando en palabra y hechos del Evangelio de la salvación en Cristo, a un mundo que va por su propio camino sin Dios, sin Cristo y sin esperanza.
El Dr. Emilio Antonio Núñez es salvadoreño, residente en Guatemala desde 1944. Fue uno de los fundadores y primer rector del Seminario Teológico Centroamericano, y miembro del grupo fundador de la Fraternidad Teológica Latinoamericana. El doctor Núñez es un conocido pastor, conferenciante y escritor.

