La grandeza de un ministerio no se mide en términos de números, sino en términos de fidelidad.
Un líder debe poseer la capacidad, en tiempos de crisis, de poner distancia entre su vida y las circunstancias que lo rodean.
Las victorias y los logros definitivamente tienen otro sabor cuando las vivimos en equipo.
Es en el cumplimiento de sus mandamientos que nos aseguramos que Él tiene participación en nuestras vidas, y no solamente nosotros.
Como líderes debemos procurar una vida de santidad e intimidad tal que nuestra vida brille con la gloria de Dios.
Un líder que no define cuál es su vocación, puede llegar a perder su sentido de dirección ministerial.



