Para tener lo que produce bendición en nuestra vida, todo debe darse en su justa medida.
No erremos creyendo que la extensión de tiempo es el secreto de una profunda vida de triunfos.
El poco esfuerzo que demandan las formas externas desvia el corazón de la práctica de la devoción.
El ministerio no es algo que nosotros hacemos, sino algo que Dios hace por medio de nosotros.
Si busca superar el desánimo en el ministerio, debiera asumir de manera intencional el reto de oponer resistencia.
Los tumultuosos eventos en el mundo Árabe ocultan un urgente llamado para la Iglesia de Dios.


