La condición mundial actual atenta continuamente contra la primera institución creada por Dios en el huerto del Edén. Efectivamente la familia, órgano fundamental de la sociedad, es una especie que se encuentra en peligro de extinción cada día más debido a que nos enfrentamos a condiciones pecaminosas que anteriormente no existían. ¿A quién le corresponde la labor de detener el desenfreno que atenta contra la seguridad familiar?
¿Cómo debemos aconsejar? ¿cómo determino y me aseguro de que mi consejo es el Consejo de Dios? Dicho de otra forma ¿cómo puedo dar el consejo acertado para una situación determinada? Para responder a estas preguntas el artículo provee tres factores fundamentales que todo consejero debe considerar cuando hace su tarea: la naturaleza dependiente del hombre, el patrón de medida y los sistemas teológicos.
Nuestro cambio debe incluir un compromiso diario para darle a la esposa la honra que se merece. El cambio exige que respetemos sus puntos de vista, sus opiniones. Es cambiar el sistema de palabras hirientes o acciones violentas. Esto no es fácil, sobre todo cuando nos hemos acostumbrado a no respetarla.
Porque detrás del hombre que puede fallar por su propia responsabilidad, asecha la apetencia de un enemigo que tiene por blanco el liderazgo cristiano.
Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en América Latina y el Caribe se practican 4,2 millones de abortos anuales, y la cifra continúa aumentando. Como iglesia no solo debemos defender con celo la vida del bebé, sino que también hemos de estar preparados para dar el apoyo necesario que requiere la madre que ha tomado tan fatal decisión.
Sabemos que la mayoría de las personas tienden a ver el enojo solo como un problema, algo negativo. De todas las distintas emociones, ¿por qué es que el enojo tiene tan mala reputación?, ¿es posible que la energía de este «enemigo» pueda cambiar de dirección en una forma constructiva?


