Pocas cosas en la vida de un hombre casado pueden satisfacerlo tanto como el disfrutar de una excelente relación con su pareja. La unidad en el matrimonio puede alcanzarse; no es un espejismo. Es posible hacerlo realidad. Y gran parte se logra en la medida en que el esposo conoce y cumple su rol, el rol que Dios diseñó para él.
Para muchos matrimonios el área de mayor conflicto son los hijos. Cuando en algunos los hijos son el factor unificador en otros son el elemento que provoca mayores desacuerdos. Esta serie trata las áreas importantes donde la unidad puede ser afianzada u obstaculizada. El tema se ha diviso en cinco artículos, este primero presenta los principios bíblicos para unificar los criterios entre los padres. Además, el Dr. Wayne Mack, en el último artículo, ofrece treinta y cuatro sugerencias prácticas y específicas que le servirán de guía.
El Dr. Harbaugh y su esposa Marlene sirvieron por once años en el pastorado. Durante los ocho últimos años, el Dr. Harbaugh, un psicólogo clínico fue profesor de cuidado pastoral y de consejería en el Seminario Luterano Trinidad en Columbus, Ohio. Ambos han estado activamente involucrados a través de los años ministrando a parejas de pastores. En este artículo ellos comparten lo que aprendieron de las esposas de seminaristas y pastores sobre la soledad.
Una de las principales funciones de los profetas del Antiguo Testamento era transmitir al pueblo el consejo de Dios, hacerlo inteligible, accesible y comprensible a la realidad de los oyentes. Hoy, el pueblo de Dios sigue necesitando hombres y mujeres que, al igual que dichos profetas, compartan el consejo de Dios; por tanto, los consejeros -sean laicos, pastores o profesionales- tienen el privilegio pero también la responsabilidad de hacerlo adecuadamente.
La mayor cultura y educación ha traído consigo nuevas y desconocidas presiones, ataques y cuestionamientos de la fe de los hijos de creyentes. Su fe, en muchos casos una fe cultural, no meditada, no profundizada, no madurada, no asimilada en la vida cotidiana, ha sido despiadadamente desafiada y puesta en entredicho por las ideologías y filosofías prevalecientes en nuestra sociedad.
En julio de 1989, más de 3.000 pastores y líderes de unos 170 países se reunieron en Filipinas y proclamaron el Manifiesto de Manila. Les ofrecemos las 21 primeras afirmaciones de dicho manifiesto, como un desafío a toda la iglesia cristiana mundial.


