Estaba apenas en los albores de su adolescencia, estaba completamente carente de amor... ¿Qué ocurre cuando los líderes pierden de vista su primer ministerio? Este es un desafío a los líderes para que guarden el tesoro más grande que Dios nos ha dado: la familia.
¿Cómo reaccionamos ante la oportunidad de ser reconocidos, tomados en cuenta y respetados?, ¿Cómo debemos manejarnos en estos nuevos ambientes? ...
Cualquiera que sea la forma de nuestra propia vida espiritual, la tarea de mantener viva nuestra alma es la actividad más importante que podemos llevar a cabo como lideres. Sin enriquecer nuestra alma podemos secarnos y hacernos inmunes a las palabras y actos que forman el corazón de la obra.
Periódicamente necesitamos que se nos vuelva a recordar cuál es la esencia de nuestro llamado. Aunque no podemos olvidar que el pueblo está compuesto de individuos, es necesario protegerse de los peligros que entraña un culto personal y solitario a Dios. Hoy resulta vital identificarse con la Iglesia.
Es necesario que tengamos un modelo que pueda servimos en estos tiempos en que, hechizados por las propuestas de liderazgo, hemos sucumbido ante un lenguaje humanista que esconde una despreocupación real por los seres humanos, centrado principalmente en los resultados.
Hoy más que nunca la iglesia cristiana necesita líderes como Isaías y Pablo. Es nuestra responsabilidad ante Dios mirar a nuestro alrededor, buscar en las iglesias y tratar de identificar a los líderes en potencia que quizás estén sentados en una banca por falta de oportunidades.


