La a iglesia, ¡qué gran invento de Dios! ¡Qué misterio multifacético! Y cuánto bien ha hecho, cuánto oro para el adelanto del Evangelio. Pero también, cuánto dolor, cuánta tristeza y conflictos hemos experimentado en su seno.
La forma en que Jesús trabajó parece poco eficaz en el ambiente de las reuniones multitudinarias que tanto atesoran los líderes de nuestro tiempo. Sin embargo, Jesús no solamente valoraba la vida del individuo, sino que se tomaba tiempo para invertir en cada uno, individualmente. Este estilo de trabajo fue exitoso únicamente gracias a que Cristo estuvo dispuesto a involucrarse profundamente con las personas.
Algunas corrientes contemporáneas pueden hacer valiosos aportes a la iglesia local. Recientes tendencias en la evangelización, la misiología, la educación cristiana, la eclesiología y otras, que no se alejan de las enseñanzas neotestamentarias, ayudan a ampliar la visión y presentan nuevas perspectivas para el crecimiento de la iglesia. El pastor debe estar abierto a esa posibilidad.
Perdidas ayer en algún lugar, entre la salida y la puesta del sol, dos horas de oro, cada una de ellas compuesta de sesenta minutos de diamante. No se ofrece recompensa, ya que se fueron para siempre. Horace Mann. Cuantas veces hemos escuchado las frases: «Lo urgente no deja tiempo para lo importante»...
La potencialidad de abusar del poder está presente en cada uno de nosotros. Con frecuencia mantenemos a raya esta potencialidad, no por verdadera humildad, sino por la falta de una oportunidad. Si se nos da un poco de poder, tan sólo un poco, "¡sálvese y apártese quien pueda!"
Observé que no es un problema de los pastores solamente. Muchos cristianos nos compartieron que ellos lo padecen también. Deglutimos falsa doctrina, rehusamos preguntar, esquivamos confrontar, sofocamos las protestas, nos mantenemos callados cuando debiéramos hablar, permitimos que nos manipulen, todo porque tememos que las personas no nos acepten si no las complacemos.


