Más allá de todos los esplendores de su lengua, más allá de todas las actividades de su administración, más allá de todos sus poderosos y voluminosos escritos, ardía la gloria de un alma viviente: un alma ardiente, imperecedera, suprema. Para él, el cristianismo lo era todo; su fe inspiraba cada acto de su vida, cada momento de su día, cada palabra que pronunciaba, cada letra que escribía. Ese era el secreto de su poder.
Un cuerpo productivo y maduro no es un accidente. Es el resultado de obedecer cuidadosamente las instrucciones de Dios. Al observar la voluntad de la cabeza, los miembros se relacionarán adecuadamente y edificarán al cuerpo.
En ocasiones, estamos tan preocupados por los programas y planeamientos que olvidamos que nuestras iglesias están conformadas por personas comunes que, de lunes a viernes, se enfrentan al mundo real. ¿Cómo podemos ayudarlas? ¿Cómo podemos llevar el ministerio pastoral fuera de la iglesia e impactar vidas?
Todos sienten haber fracasado cuando una familia se retira de la iglesia. Uno dijo: "A veces he podido decir: «Y bueno, uno no puede ganarlos a todos»; pero cuando estoy solo, mi mente vuelve a pensar en ellos. Procuro adivinar los motivos que los impulsaron a irse. Yo sé que no puedo ministrar a todos, pero duele mucho cuando alguien se retira".
Ocho preguntas para responder - 1 Timoteo 3
El pastor y teólogo Dietrich Bonhoeffer fue uno de los pocos cristianos en la Alemania nazi que se declaró públicamente en contra de las políticas de Adolfo Hitler. A pesar de todas las pruebas, nunca dejó de ondear la bandera del cristianismo real. Hasta el último segundo de su vida, Bonhoeffer mantuvo su fe en Dios y lo proclamó como su único Señor.


