No pasa semana sin que alguien me pregunte si conozco a un buen pastor que pueda recomendarle. Gracias a Dios hay buenos pastores, pero son pocos en comparación con la necesidad existente. ¿Por qué? ¿Acaso Dios ha fallado en formar hombres fieles? ¿Hemos descuidado la tarea?
Recesión económica, es una declaración no comprendida por todos, pero sí escuchada por la mayoría. Sabemos que equivale a problemas de dinero, desempleo, hambre y hasta miseria. Es necesario que los líderes y pastores cristianos entendamos el concepto y tengamos una luz de qué podemos hacer ante dicha situación.
Ocurrió hace años, durante una de mis primeras predicaciones. En un pasaje del sermón señalé algo que estaba a mi derecha y todos los ojos se fijaron en aquel objeto. ¡Qué fantástico!, pensé. Puedo hacer eso con todas estas personas. Ese momento marcó el principio de mi conocimiento acerca de las peculiares tentaciones a las que se enfrenta el predicador.
Cada conjunto de seres humanos del mundo requiere una atención específica en su búsqueda de los grandes valores de la fe cristiana, es por ello que los ciegos y discapacitados del sentido de la vista son acreedores también de una atención definida a sus necesidades espirituales.
Un día recibí una carta de una colega mía del instituto bíblico donde los dos habíamos asistido. Su carta decía: «Pablo, te escribo porque he tenido un sueño acerca de ti que me ha dejado desconcertada. Te vi como un mendigo vestido en harapos. No sé lo que quiere decir, pero el sueño me dejó hasta débil. Quiero que sepas que estoy orando por ti y que Dios te tiene en su mente y en su corazón. No te desanimes.»
Muchos dicen: «Yo no predico la reforma; yo predico la regeneración». ¿Es eso posible? ¿Qué dicen las Escrituras al respecto? ¿Estaremos predicando una falsa doctrina al separar la reforma y la regeneración o presentarlas como dos aspectos en contraposición?...


