Al reflexionar acerca de la administración integral de la vida pastoral, uno siempre se enfrenta a la idea de varias áreas que funcionan al mismo tiempo. La simultaneidad de las distintas realidades en el liderazgo pastoral forma una trama muy compleja. Para esto se necesita una gran dosis de equilibrio y la habilidad que se logra con experiencia, sin obviar las naturales tensiones. Es por eso que a menudo se "rompen platos" en el camino de un ministro.
Cuando recuperemos la centralidad de la Palabra de Dios en nuestros ministerios, tendremos un mensaje impregnado del amor de Dios, de la constancia de Jesús y del fuego del Espíritu Santo. Cuando la Biblia no ocupa el centro de la teología, tendremos una predicación para-bíblica, para-eclesiástica y finalmente, paranoica.
La mayoría de nosotros nos involucramos en el ministerio pastoral porque sentimos pasión por la obra de nuestro Padre. Por eso nos capacitamos en exégesis, hermenéutica, teología sistemática, dirección espiritual, y consejería para compartir las hermosas verdades del Reino. Sin embargo, olvidamos que ser pastor significa también que debemos ser buenos líderes...
Eliseo fue un hombre escogido por Dios para sustituir a un gran profeta. Sus primeras experiencias fueron claves para el resto de su ministerio. Acompáñenos a un viaje por el recuento de las primeras vivencias de Eliseo como profeta y cómo estas nos enseñan grandes lecciones de un carácter moldeado por Dios.
¿Hasta qué punto deben sufrir un pastor y su familia «a causa del ministerio»? ¿Es legítimo presionar al pastor por medio de su salario? ¿Cuándo puede y/o debe un pastor abandonar a las ovejas sin sentirse fracasado? ¿Debe haber un contrato entre el pastor y su iglesia, en el cual se describa el trabajo que se espera del pastor y la iglesia se comprometa a aumentarle periódicamente el salario? ¿Es mejor no tener pastores de tiempo completo, sino que cada uno debe trabajar y hacer lo que puede? Tras la consideración de la situación de estrechés que sufrió un pastor, autor analiza la situación ofreciendo respuesta a las preguntas arriba planteadas.
¿Cómo puede Dios convertir las circunstancias difíciles de su iglesia en oportunidades para surgir? Nehemías en el capítulo uno, versículo cuatro, nos demuestra cómo.


