Una característica de la iglesia contemporánea es lo incierto del rol de sus ministros. ¿Son los pastores en primera instancia trabajadores sociales, psiquiatras, educadores, facilitadores, administradores o ejecutivos? Ya que el ministerio envuelve a todos los creyentes, ¿Es el clero profesional superfluo o inhibido? ¿Qué es lo más saludable para la iglesia?...
En nuestro ejercicio del liderazgo se reciben muchos golpes. Cada uno tiene diferente fruto en nuestra vida y ministerio. Unos corrigen actitudes e ideas erradas, otros construyen carácter, también hay los que afinan la visión de nuestro ministerio.
Los conflictos vienen, los conflictos van. Muchos se dan porque las personas emocionalmente inestables parecen ser espiritualmente saludables. En muchas ocasiones, hasta los líderes que parecen espiritualmente saludables tienen sus propios conflictos.
El adulto mayor puede encontrar tareas dentro de la iglesia por medio de las cuales sea bendecido y sea también de bendición. Recordemos que su vocación y llamado sigue presente como persona total y completa que es. Animémoslos a orar, a visitar, si su salud lo permite; a evangelizar a su familia (hijos, nietos, hermanos), a sus vecinos y personas que los rodean.
Al acercarnos más a nuestra propuesta de un concepto, encontramos en el diccionario que integridad se relaciona con ser recto, intachable, como aquello a que no falta ninguna de sus partes.
Haciendo uso de estos principios como timón podremos conducir a nuestros movimientos a gustar en forma de aperitivo la maravilla de la utopía del Reino, y a encender en nuestros hermanos y hermanas, dondequiera que se encuentren, el entusiasmo misionero de reproducir minúsculos testimonios de un anticipado proyecto que ya vivieron.


