Nunca se me ocurrió que alguna vez me involucraría en algo espiritualmente destructivo; sin embargo, eso es exactamente lo que había sucedido cuando alcancé el nivel espiritual más bajo en mi ministerio pastoral. ¿Cómo pude dejar que las cosas fueran tan lejos?
Todos somos ovejas. Pidamos al Espíritu Santo que nos dé gracia para apacentar a todo el rebaño con la totalidad de nuestra vida y la totalidad de la Palabra; que nos ayude a tener presente que nosotros también somos ovejas y necesitamos ser pastoreados por otros.
Hace algunos años, hubo una masacre en un colegio en los Estados Unidos. En ese incidente murieron quince estudiantes, un profesor, y los dos asesinos, quienes eran apenas unos adolescentes. El hermano hace una reflexión sobre este caso y comparte con nosotros algunos consejos específicos que pueden ayudar a que exista comprensión entre el ministro y su familia.
¿Alguna vez usted ha deseado un día de 30 horas? Seguramente, ese tiempo extra liberaría algo de la tremenda presión en la que vivimos. Nuestras vidas dejan una senda de tareas incompletas. Cartas sin contestar, amigos que no visitamos y libros sin leer; cosas que se hacen presentes en los momentos menos indicados. Desesperadamente necesitamos ayuda, alivio.
Una característica de Israel fue su rechazo a consejos y amonestaciones por su duro corazón. Tozer enseña que como líderes no estamos ajenos a la necesidad de recibir consejos o amonestaciones, las cuales, al final, vienen a ser como un estímulo para mejorar y seguir sirviendo al Señor con excelencia.
La situación privilegiada del ministerio no exime a los pastores de los mismos problemas de su grey; en realidad, sufren presiones adicionales propias de su condición de pastor. En consecuencia, la depresión es un problema que afecta los niveles pastorales en medida no despreciable. El autor señala las tensiones que pueden causar depresión y las pautas para que los pastores la enfrenten.


