Conozco a un pastor que está al otro lado de la ciudad. Su iglesia no crece, y él me envidia por eso. Lo sé porque me lo dijo.Conozco bien a este hombre, y diría que es más piadoso que yo. Ora más, estudia más, predica con más entusiasmo. Visita más, aconseja más y hasta hace más llamados evangelísticos. Sin embargo, en nuestra iglesia ganamos tres veces más gente que en la suya. A mí me invitan a hablar en otras iglesias y disfruto del mayor reconocimiento que se puede dar en las iglesias en estos tiempos: «El pastorea una iglesia que crece».
Manteniendo una perspectiva realista de la vida cristiana. 2 Timoteo 4:9-16
Texto Bíblico de referencia: Nehemías 3; Romanos 16:1-16.
Es inútil querer lograr la unidad cuando se ha permitido que una persona contenciosa entre en la junta de la iglesia. He aquí tres preguntas para formularse antes de que algún recluta pase a formar parte del equipo.
El creyente y la iglesia siempre corren el gran peligro de suponer que su causa y sus acciones son santas y que están absolutamente identificadas con Cristo. En otras palabras, que su causa es únicamente la de Cristo y que el sufrimiento padecido es por maldad de otros.
Estas son afirmaciones sobre la felicidad y las tristezas que pueden rodear a un pastor. Ayudan a reflexionar sobre nuestro concepto, visión y misión en el ministerio pastoral.


