Escuchar y entender a las personas requiere tiempo si pretendemos ministrar a ellos en una forma profunda y duradera, que realmente cure sus almas. También requiere que capacitemos en la Palabra de Dios y en la consejería, así la iglesia crece y llega a ser verdaderamente madura. ¿Serán los pastores actualmente verdaderos «curas»?
¿Le gustaría iniciar un ministerio de oración en su iglesia pero no sabe cómo? ¿O tal vez le gustaría dar un aire de renovación al que ya existe? El pastor Daniel Henderson desea compartir con usted prácticos pasos que lo pueden ayudar a vitalizar su grupo o ministerio de oración.
No hay santificación por milagro, sino la gloriosa y difícil tarea de descubrir la profundidad de nuestro pecado y la gloriosa salvación expresada en una diaria cooperación entre Dios y nosotros.
En una ocasión un piloto de una línea aérea anunció a los pasajeros que estaban perdidos, sin poder encontrar su destino, pero aseguró que no debían preocuparse pues vuelo iba muy veloz gracias a un fuerte viento a su favor.
Cada vez que hablamos realizamos un trabajo que nos cuesta un esfuerzo considerable. Algo tan natural, como emitir una frase, es producto de una larga serie de actividades más allá de nuestra consciencia. En este proceso intervienen nuestros conocimientos, sentimientos, emociones y nuestro nivel de relación interpersonal.
«¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? ¿A un hombre cubierto de vestiduras delicadas? He aquí, los que llevan vestiduras delicadas, en las casas de los reyes están. Pero, ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta... Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el bautista» (Mt. 11:7-11).


