Muchas parejas cometen el error de pensar que el decir: «¡Sí, quiero!» significa «¡Lo logramos!». Dan por sentado que el solo hecho de subir las gradas hacia el altar es como si ya hubiesen saltado los escalones al séptimo cielo; la realidad, sin embargo, es otra.
Hay más mujeres ansiosas que hombres. La ansiedad o angustia no es pecado, pero sí puede producir reacciones pecaminosas. Para alivio nuestro, hay principios bíblicos para enfrentar la ansiedad sin pecar. Algunos de estos principios se obtienen de la experiencia de nuestro Señor Jesucristo en el Getsemaní.
¿Qué se hace cuando las diferencias en valores convierte en abismal la distancia entre una esposa creyente y su esposo que no lo es? La autora comparte de su propia experiencia cómo Dios le ayudó a acortar la distancia entre ella y su esposo. Ella misma, sin perctarse, había construido una barrera entre ellos.
Frente a la desgracia de otros, cuán fácil, y simplemente se encuentran explicaciones para todo. ¿Por qué es que nos apresuramos a decir cosas, aunque sean fatuas y débiles, cuando los ángeles lloran profundamente? La autora nos urge a buscar la forma de evitar poner distancia entre otros y nosotros mismos, entre sus desastres y la seguridad estrictamente protegida de nuestras propias vidas.
¿Cómo procesa una madre el duelo de un hijo? La autora nos comparte, de su propia experiencia cómo logró procesar el duelo por la muerte de su hijo. Realmente es posible el consuelo cuando el gozo del Señor es la fortaleza.
Ser mentora es uno de los desafíos más importantes para toda sierva del Señor. Formar a otras en el ministerio requiere sensibilidad, constancia, vivir cerca de la otra, revisar nuestros principios y saber cómo transmitirlos. Este es un ejemplo de cómo ser una mentora.


