Es cierto que para la mayoría de la gente hablar de la santidad hoy día suena aburrido, anticuado, fuera de lugar e incluso ridículo. Sin embargo, la santidad para el cristiano no es algo optativo; no es algo que se le ofrece como una opción, tómalo o déjalo. Es obligatorio, esta debe ser parte integral de la vida de todo seguidor(a) de Cristo.
Es común escuchar a hermanos decir: «La tengo», pero si les pregunto: «¿qué es lo que tienen?», la respuesta a es: «tengo la bendición», o «la sanidad», y en ocasiones: «recibí la unción». Mi llamado es que tengamos presente que no es la bendición, ni la sanidad, ni la unción; no es aquello que deseamos, sino algo mucho mejor. Es Cristo, es El mismo.
Como seres humanos que somos, en ocasiones nos preocupamos en exceso con los acontecimientos mundiales. Sin embargo, las Escrituras nos revelan que esta preocupación no es exclusiva de los tiempos actuales, sino que es tan antigua como la humanidad. El presente artículo nos exhorta a interpretar los eventos contemporáneos a la luz del reino de Dios y a confiar en su promesa de que regresará para instaurar su reino terrenal.
¿Qué pudo haber sentido Jesús cuando se despojó a sí mismo para tomar forma de siervo? En esta segunda parte de la serie se estudia el testimonio de las Escrituras tocante al nacimiento de Jesús.
Cuando la iglesia bebe el descrédito sobrevenido por su pecado interno, no por la mala interpretación de sus acciones, es porque ella misma no se ha limpiado debidamente. Consentir el pecado se suele comprobarse con «la factura» que viene después en derrotas y vergüenza.
Los desafíos, alientos y exhortaciones de Lausana II en Manila


