Caminando con él alcanzaremos el mismo estado de fortaleza que él posee, una fuerza que descansa, insólitamente, sobre una actitud de mansedumbre y humildad.
El Señor insiste en «instalar su carpa» cerca de la nuestra.
Si no son iluminados los ojos de nuestros corazones, viviremos una vida de derrota.
La relación entre Creador y criaturas ha sufrido un daño irreversible, la cual solamente podrá ser restaurada por la intervención del Señor.
A veces es más sabio ministrar a solas que en público y el ministro sensible debe saber el momento indicado para cada cosa.
La desesperación nos provee a menudo una fuerza y un valor que no hubiéramos podido.


