Cuando ofrendamos en forma natural y sencilla, con los ojos firmemente puestos en Dios quien es el objeto de nuestra adoración, seguramente evitaremos caer en el deseo de impresionar.
El vértigo de la existencia moderna nos ha tornado poco sensibles frente al sufrimiento y la angustia de nuestros prójimos
Debemos ser diligentes en cultivar la relación con el Señor, y evitar ante todo seguir malos caminos.
Se entregó en la cruz y lo hizo para que todos tuviéramos perdón de pecados; esa fue una entrega consecuente con su vida de servicio.
Debemos estar siempre estar a atentos a no dejarnos «mal influenciar» por cosas que nos tan fáciles de determinar.
La única cosa que nos puede motivar verdaderamente a un ministerio sano es la seguridad de que somos amados por nuestro Padre celestial.


