La verdadera vida espiritual se vive con fidelidad en medio de la rutina de cada día.
Los que estamos esperando que solamente en el entorno apropiado se produzcan las visitaciones de nuestro Señor corremos el peligro de desaprovechar la mayoría de las experiencias espirituales que surgen cada día.
Es cierto que el diablo anda como león rugiente, pero la Iglesia puede avanzar confiada en medio de las tinieblas porque sabe que nadie podrá adelantar un paso sin que el Señor así lo permita.
El desenlace natural de una visitación celestial debería ser nuestro retorno a una vida enteramente dedicada.
La Palabra de poder por la cual existe la Creación es la misma que puede liberar y restaurar lo que el pecado ha dañado.
Jesús enseñaba claramente que la obra que el Padre deseaba para la vida.


