La nueva vida exige una completa transformación en nuestra manera de conducirnos.
Un matrimonio nunca llega más alto que cuando están juntos de rodillas. Para que la pareja sea sólida se necesita un buen cimiento que es Jesucristo, y para que crezca, el culto familiar debe estar presente regularmente.
En medio del dolor de la pérdida, Dios nos extiende su gracia para dejarnos ver que él sigue presente, aun en la ausencia del recuerdo.
Un cambio de perspectiva hacia el matrimonio le permitirá mayor satisfacción en esta relación y un aumento de efectividad en el ministerio que desarrolla.
El acompañamiento y consejo de padres, mentores y amigos es valioso; sin embargo el proyecto de vida debe responder, de manera muy particular, a las características personales de cada adolescente.
Lejos de ser una distracción, hoy la relación con mi esposa constituye mi mejor esperanza de ser enseñado sobre el misterio del amor.


