El deseo de Dios es que todos nosotros, viejos o niños, encontremos salvación en Cristo Jesús. El siguiente artículo nos hace reflexionar sobre este deseo de Dios; además, nos recuerda que los niños también serán juzgados y por eso debemos evangelizarlos.
Los siguientes dos pasos nos enseñan que el niño necesita aprender cómo puede saber que es salvo. Su seguridad viene de Dios y se basa en la Palabra de Dios y no en la tuya. Además, debes comunicarle al niño que, dado que ha recibido al Señor Jesús y el maravilloso don de la salvación, debería darle las gracias a Dios por lo que él ha hecho.
Amar a los hijos es una tarea compleja. Aunque Dios ha dado a las madres amor natural por sus propios bebés, hoy esa inclinación innata está siendo reprimida por madres ya sea por el aborto o porque delegan en otros el cuidado de ellos.
Los corazones de los niños son tiernos, que pueden ser muy sensibles, y sentirse culpables por el pecado. Pero en Jesucristo y en su evangelio está la respuesta a todas sus necesidades espirituales. Entonces, ¿por qué esperar hasta la adolescencia antes de darles las respuestas que necesitan para los problemas de la niñez?
Los últimos dos pasos nos enseñan la forma en que podemos iniciar un discipulado con el niño y cómo podemos compartir las hermosas promesas que Dios ha hecho para los que creen en Cristo. Además, nos ofrece unos posibles pasos finales que complementarán algunos detalles importantes de este proceso de evangelización.
Tal vez no encontremos una buena respuesta. Sin embargo, sea viejo o nuevo, el problema de la brutalidad para con los niños y el menosprecio del valor de sus vidas se hace patente en estos tiempos, al punto de pensar seriamente en un contrato de las huestes espirituales de maldad para con la misma raíz de la humanidad.


