Un grupo pequeño, como cualquier sistema activo, necesita que sus componentes trabajen armoniosamente. Como una orquesta sin partituras musicales daría lugar a una cacofonía, un grupo pequeño sin metas claras conocidas y compartidas por sus miembros no va a resultar más útil que un cotorreo comunitario.
El grupo pequeño es un lugar poderoso para crecer y para ver crecer a la iglesia. Pero los buenos resultados no se logran simplemente creando una red de grupos e integrando a cada miembro de la iglesia a uno de ellos.
Hazte una meta, que tus alumnos lleguen a ser maestros. El verdadero líder cristiano no tiene celos de otros que surjan; más bien, quiere que sus propios discipulos lleguen a superarle en su servicio a Dios.
Invertir intensa y dedicadamente en unos pocos produce el fruto que más perdura y que más se sostiene a lo largo del tiempo. ¿Qué características tenía el modelo discipulador de Jesús? Contestar esta pregunta nos obliga a revisar el ministerio del Señor y las maneras cómo se relacionó con sus discípulos y las personas que lo seguían.
Nuestro enfoque debe estar en valorar y dar participación a los alumnos, propiciándoles respeto y libertad de expresión y retándolos con temas relevantes y proveyendo oportunidades para el éxito.
No podemos asegurar que exista una enseñanza eficaz que resuelva todos los problemas de los educadores, pero sí se puede decir que la aplicación adecuada de ciertas reglas puede facilitar la obtención de mejores resultados. Qué mejor ejemplo que el de nuestro Señor Jesús que adecuaba sus enseñanzas al contexto y cultura de la comunidad e individuos que lo seguían.


