No debemos sorprendernos de la oposición, más bien verla como una confirmación.
La santidad, que es el resultado de una actitud de sinceridad y pureza, se impone sobre el lugar donde yace la maldad en nosotros.
Un pacto entre amigos es un compromiso que nos libra de las fluctuaciones de los sentimientos.
Nadie se convierte en discípulo por estar merodeando alrededor de la persona de Jesucristo sin haber asumido un verdadero compromiso con él.
Cuando las circunstancias nos invitan a la preocupación, la ansiedad y el afán, debemos aceptar el desafío de disfrutar de Dios.
La diferencia entre andar en el Espíritu o andar en nuestras propias fuerzas se encuentra en que, en la primera, estamos atentos a la obra que Dios nos pone a hacer.



