Frente a situaciones adversas, Cristo invita a sus discípulos a que dependan absolutamente del Espíritu.
Debemos saber el peso espiritual de nuestras palabras y que de ellas tendremos que rendir cuentas a Dios.
Cuando avanzamos hacia el cumplimiento de nuestro llamado, debemos hacerlo con actitud de niños.
Si pretendemos incursionar en el mundo espiritual, necesitaremos tener algo que compartir.
La capacidad de discernir dónde se está moviendo Dios en el momento en que actuamos es fundamental.
Es nuestra responsabilidad no permitir que el pecado se haga fuerte en nuestro interior.


