Jesús enseñaba claramente que la obra que el Padre deseaba para la vida.
Los desafíos de Dios son proyectos que no pueden ser logrados con medios humanos.
Lo poco solamente se convierte en abundancia cuando es regalado en un espíritu de gozo.
El Padre conoce íntimamente a cada individuo que camina sobre la faz de la tierra.
Las palabras de Cristo contienen una invitación a no perder de vista la verdadera dimensión de la vida.
Ser como el maestro incluye «participar de sus padecimientos hasta llegar a ser semejantes a él en su muerte.»


