Debemos tomar el compromiso de ser instrumentos para la restauración de los necesitados.
Nuestro buen Padre celestial nos invita a relajarnos y a caminar por otro camino, el de la confianza en su bondadoso compromiso con nuestro bienestar.
Para los que han depositado su confianza en el Padre, la «preocupación» es, literalmente, innecesaria.
Parte del trato de Dios para nuestras formación es quebrarnos aun en aquellas facetas de la vida donde nos sentimos competentes.
Si queremos tener una vida exitosa el secreto para ello es anhelar vivir en santidad.
Sin duda lograríamos resultados más eficaces si pasáramos menos tiempo hablándole a la congregación de su responsabilidad, y más tiempo rogando al Señor que movilice a su pueblo.








