Esta es la meta final de toda obra de Dios: que los que andan en tinieblas tengan oportunidad de ver desplegada su admirable luz.
Se pueden ahorrar muchas dificultades en la evangelización si se sigue el camino de hablar.
Existe un momento en la vida espiritual cuando tenemos que hacer la paz con el obrar misterioso de Dios.
Darle al otro no lo que merece, sino lo que necesita es lo que asegura la eficacia de nuestros esfuerzos.
Es necesario creer que la Biblia es la verdad para luego obedecer lo que me está diciendo.
El éxito que Dios quiera dar a nuestro ministerio es uno de los elementos que ponen a prueba nuestro corazón.








