¿Dónde está el milagro?
Estudio en el programa de maestría de la Universidad Metodista de San Pablo. Al lado del Edificio Capa, donde cursamos la carrera, está la Clínica de Fisioterapia; allí, a cada instante, estacionan junto a la acera diferentes vehículos con portadores de discapacidades motoras —parálisis cerebral, paraplejía y cuadriplejía—.
Cuando llegan, no es posible evitarlos. Aunque algunos alumnos intenten dar vuelta el rostro, ciertamente abrumados, brilla la nobleza resiliente de las madres que cargan a sus niños en brazos y que, aun arrastrando los pies, mantienen su dignidad.
El cristiano verdadero debe buscar intervenciones divinas donde el sufrimiento se muestra más agudo.
Yo me dispongo a ayudar a cualquier evangelista que muestre el valor para estar de guardia en la acera de la Universidad Metodista. Voy a buscarlo y prometo interceder a su lado. Sinceramente deseo que los más afectados vuelvan a casa saltando de alegría.
Necesitamos otras respuestas para el sufrimiento humano; los presupuestos de esos evangelistas que anuncian la sanidad con tanto alarde no abarcan la complejidad del sufrimiento universal.
Propongo que los prodigios del evangelio sean otros; que la presencia de Dios se revele en el servicio, en el amor solidario y la compasión. Que las manos y los pies de Dios sean las manos y los pies de los que no huyen del dolor ajeno. No conozco a los profesionales dedicados de aquella clínica de fisioterapia, sin embargo tengo la seguridad de que todos encarnan la posibilidad de un milagro.
Soli Deo Gloria.
Traducido por Gabriel Ñanco. Se tomó de gondimenespanol.blogspot.com, publicado en español el 23 de mayo de 2008. Se usa con permiso de autor y del traductor. El autor es pastor de la iglesia Betesda en San Pablo, Brasil. Es autor de varios libros —aún no están disponibles en español— y un reconocido conferenciante. Está casado con Silvia, a ambos Dios ha bendecido con tres hijos y tres nietos. Publicado en Apuntes Digital III-4, ©2009, todos los derechos reservados.

