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Evangelización

El evangelista en los hospitales

15 julio, 2005686 visitas



La evangelización en los hospitales es uno de los más importantes, si no el más importante, de los métodos de evangelización, por las siguientes razones:




  • Hay más personas que pasan por los hospitales del mundo, por año, que por las iglesias. Durante su estadía en el hospital, las personas son por lo general, más receptivas al mensaje del Evangelio que cuando se encuentran saludables, seguras de sí mismas y en situación próspera; son más conscientes de su necesidad de un consolador y un salvador.


  • Nuestro Señor Jesucristo dedicó una gran parte de sus tres años y medio de ministerio público a los enfermos. «Seguidme», fue su mandamiento. «Así como el Padre me ha enviado a mí, yo os envío a vosotros».


  • Si bien en los países donde dominan ideologías o religiones tiranizantes se cierran las iglesias y se prohibe la predicación, los hospitales raramente se cierran.


Realizar evangelización en los hospitales de manera competente no requiere de gran instrucción, pero sí son esenciales mucho amor y mansedumbre. El problema del sufrimiento ha causado alarma y dolor a la humanidad a través de los siglos: confronta a hombres y mujeres que no sólo se encuentran cara a cara con este misterio, sino que también experimentan sus incomodidades en forma tangible. Recuerde que la sombra de la muerte descansa sobre algunos de ellos y que el hospital bien puede ser la «última parada» antes de la eternidad. Según la Biblia, pasarán este período sin fin en el cielo o en el infierno. Tratar con ellos requiere de toda la compasión, preocupación y solicitud posibles. Pídale a Dios que le proporcione su propio amor por las personas perdidas. Trate de descubrir sus necesidades profundas, en especial las espirituales. Desarrolle el arte de establecer un buen contacto visual, vocal, táctil.


Un paciente con cáncer terminal le preguntó, con nerviosismo, a un médico: «Por favor, dígame, ¿me voy a morir?» Con calma y con toda intención él respondió: «¿Puede decirme de alguien que no vaya a morirse? Yo me encuentro bien y usted está enfermo; pero es posible que yo me muera antes que usted. La pregunta no es: «¿Cuándo me voy a morir?» sino «¿Adónde iré cuando me muera?» Esto proporcionó una oportunidad excelente para explicar el camino de la salvación y el sacrificio expiatorio de Cristo.



SUGERENCIAS PRÁCTICAS


Dado que la evangelización en los hospitales es de tal importancia y sensibilidad y que puede producir una cosecha tan abundante, resulta de primordial importancia que sea llevado a cabo de una manera eficaz. Las siguientes son algunas recomendaciones prácticas.


Vaya en oración y con cautela. Las personas que va a visitar han sido debilitadas por la enfermedad y el dolor. En un mayor o menor grado se encuentran temerosas y ansiosas. Se requiere que sea, a la vez, un serio y alegre mensajero de esperanza. La suavidad de espíritu es lo que debe caracterizarlo. No vaya hasta que no haya orado con intensidad, sensibilidad y compasión. La predicación enérgica y convincente está fuera de lugar para esta ocasión. Todas las instituciones de salud, grandes o pequeñas, poseen ciertas reglas que las gobiernan. Póngase al tanto de las mismas y cúmplalas. No está en una iglesia o en un salón evangelístico, sino en un sitio muy diferente, cuya función apunta a proporcionar la sanidad física o mental de los pacientes.


Las personas a cargo de los hospitales a veces se oponen con fuerza a la evangelización en sus instituciones. Tal vez en el pasado hayan tenido experiencias desafortunadas y desagradables con evangelistas poco sabios o demasiado vehementes; o pueden considerar su visita como una intrusión en las vidas y el tratamiento de aquellos bajo su cuidado. No obstante, como visita sabia, usted puede convertirse en un miembro valioso del equipo de salud que rodea al paciente.


Siempre pida permiso para ver al paciente. Si su visita está fuera de horario, no interrumpa la rutina de las salas. Los pacientes no deben recibir visitas inmediatamente después de una operación o durante las visitas del médico. Preséntese a la persona a cargo de la sala (estación) y diga que tiene permiso del director (jefe, supervisor). Pregúntele si sabe de pacientes que no tengan visitas y dígale a quién piensa visitar.



INDICACIONES IMPORTANTES




  • A menos que el paciente ya lo conozca, preséntese y explíquele que pertenece a cierta iglesia u organización, para que la persona se sienta cómoda.


  • Pregúntele el nombre al paciente y utilícelo.


  • Comience formulando preguntas corrientes: «¿Cómo se siente?» «¿Cuánto tiempo ha estado en el hospital?»


  • Siéntese para hablar: a los pacientes les resulta más fácil verlo a su mismo nivel e indica que no está apurado.


  • Nunca se siente en la cama; en especial si el paciente tiene dolores.


  • No se quede mucho tiempo; evite mirar a su alrededor a otros pacientes o mirar revistas. Preste toda su atención a la persona que está visitando.


  • Lleve la conversación al tema espiritual lo antes posible. Confíe en que el Señor lo guíe.


  • Hable sobre el temor, la depresión, la ansiedad, y la respuesta que la Biblia da.


  • Observe si hay una Biblia o libro cristiano, cenicero, cigarrillos o rosario sobre la mesa de luz.


  • Siempre hable con suavidad; nunca en voz muy alta.


  • Nunca discuta para probar su punto de vista: los pacientes no necesitan sermones sino hechos simples.


  • Siempre hable acerca de la persona de Jesucristo.


  • Manténgase en las verdades fundamentales de la salvación.


  • Sea paciente si no lo entienden.


  • Recuerde que la persona que visita probablemente tenga algo más que una simple enfermedad física.


  • Esté dispuesto a ser un oyente atento. Comparta su propia experiencia y déle al paciente la oportunidad de compartir la de él.


  • Ayúdelo a entender cómo Dios a menudo permite una enfermedad física para traer bendición espiritual.


  • Trate de hablarle sólo al paciente y tenga cuidado de no avergonzarlo si alguien más se encuentra presente.


  • Evite ser demasiado personal o hablar sobre la muerte; hable más bien de la vida eterna.


  • Sea respetuoso.


  • Los pacientes muy enfermos necesitan visitas frecuentes pero cortas.


  • Ore de manera sensible. Cuando ore por la sanidad física y por el alma del paciente, incluya un pedido de bendición divina sobre todo el tratamiento administrado.


  • No hable con otros acerca de lo que el paciente ha compartido con usted de manera confidencial.


  • Ofrezca una ayuda práctica, por ejemplo entregar un mensaje, hacer un llamado. Sea en extremo sensible a las necesidades del paciente.


  • Muéstrese disponible. Deje un número de teléfono o dirección.


  • Sea fiel como visita. El paciente eventualmente esperará con agrado su llegada.


  • Esté preparado, después de que haya llevado a los pacientes a Cristo, a edificarlos mediante el aliento y la enseñanza.


  • Anime a los pacientes cristianos a seguir confiando en el Señor y a buscar una relación más profunda con Él.


  • Pase mucho tiempo en oración personal por ellos y pídale al Señor que le dé las palabras apropiadas, a tiempo, para cada paciente en particular.


  • Incluya a los miembros del personal en su ministerio. Recuerde que ellos pasan la mayor parte de su tiempo con los pacientes. Algunos pueden ser cristianos; propóngase conocerlos. Ellos también pueden ayudar al paciente espiritualmente. Trate de convertirlos en sus colaboradores y en una extensión de su evangelización. En países donde la evangelización en los hospitales no está permitido, trate de entrenar al personal del hospital en evangelización, oración y discipulado.


Grupos de canto



La evangelización en los hospitales puede ser llevada a cabo por grupos de canto (reduzca el número a siete personas) de las iglesias. Cuando esté permitido, podrían incluir un breve mensaje, conversaciones personales con los pacientes y la distribución de folletos adecuados. Los grupos de canto son especialmente bienvenidos en la época de Navidad y Pascua.



Su mensaje



Simplemente enunciado, el mensaje del Evangelio es que todos somos pecadores y merecemos eterno castigo; pero Dios nos amó de tal manera que envió a su único Hijo para que cargara con nuestra culpa en la cruz del calvario.


Aliente al paciente a pedir perdón por sus pecados y a creer que Dios lo otorga por medio de Cristo. Mantenga el mensaje simple y claro. Dé testimonio de lo que Dios ha hecho por usted personalmente; muestre que usted no es simplemente un cristiano profesional sino que ha experimentado aquello de lo que habla.


Aprenda cuándo y cómo formular la pregunta más importante: «¿Le gustaría recibir a Jesús como su Salvador?»


Ofrézcase a orar por ellos, en especial con los pacientes muy graves, para ayudarles a verbalizar una oración con usted. «Hasta los enfermos en estado inconsciente (comatosos) pueden ser llevados a Cristo mediante la oración con ellos, aun cuando ellos mismos no puedan responder de manera verbal», dice el Profesor Gerry Landry, ex-profesor adjunto de Medicina Interna. Busque cualquier respuesta que pueda darle: un movimiento de mano, de ojo, de cabeza. Utilice las Escrituras tanto como sea posible, ya que si bien la mente puede estar en inactividad, el espíritu puede responder a la Palabra (He. 4.12).



Argumentos en contra de la evangelización en los hospitales



Los argumentos en contra de la evangelización en los hospitales son muchos y variados. Busque aliento, sin embargo; en el hecho de que el Señor mismo dispensaba libremente el mensaje del Evangelio mientras curaba las enfermedades físicas de hombres y mujeres. El caso del hombre paralítico que fue descendiendo a través de una abertura en el techo, en Capernaum, es un buen ejemplo. El Señor Jesús primero perdonó sus pecados y luego sanó su cuerpo.


La oposición a la evangelización en los hospitales a menudo se basa en lo siguiente:




  • Que estamos aprovechándonos de la debilidad de una persona para obligarla a creer lo que no aceptaría completamente, si estuviera sana de mente y cuerpo. La respuesta a esto es que, en realidad, llevamos consuelo y un mensaje de esperanza, paz y amor que sólo puede tener un efecto positivo y sanador. La salvación otorga calma y gozo inmenso. Además hemos recibido la comisión de predicar el Evangelio a todas las criaturas. Dios a menudo usa una cama de enfermo para llamar la atención de una persona que se encamina, sin remedio, hacia una eternidad sin Cristo. Muchos se encuentran en el hospital por causa de una vida de pecado. Mire a cada paciente como alguien en quien el Señor está expresando un interés particular. Cuando llega una enfermedad, los que se encuentran apartados con frecuencia también se dan cuenta de que se han alejado del Señor.


  • Que ponemos nerviosos a los pacientes cuando les hablamos sobre religión, ya que les da la impresión de que se van a morir. En realidad mucha gente que sufre una enfermedad tiene un grave sentimiento de culpa y se siente aliviada de poder hablar con alguien que la puede ayudar. «Estaba yo postrado y me salvó» escribió el salmista (Sal. 116.6). En realidad, no estamos llevando “«religión» a los pacientes, sino que les estamos hablando de Jesucristo, cuya bondad y ayuda hacia los enfermos son reconocidas por cristianos y no cristianos.


Empleo de material impreso



Normalmente los pacientes tienen tiempo para leer, y un libro o folleto, bien elegido, podría ser de gran valor para ellos. Recuerde que están en el hospital porque no están bien y en consecuencia no son capaces de poner toda su concentración en lo que están leyendo.


Un libro «pesado», físicamente o en su contenido, no es la mejor elección. Un libro en rústica o un tratado con letra grande y que contenga un mensaje que dé alegría y luz al paciente sería lo más aceptable. Algunos tratados y libros hechos para llamar la atención, despertar y bendecir a un no cristiano cuando está bien, podrían resultar perjudiciales cuando está enfermo. Folletos impresos en colores con porciones de las Escrituras, tales como los publicados por las Sociedades Bíblicas, son adecuados para los pacientes. Estos se pueden obtener en muchos idiomas.



Conclusión y resumen



No mire la evangelización en los hospitales como de valor secundario en su ministerio. El Nuevo Testamento registra varias entrevistas privadas, personales que el Señor Jesús y sus apóstoles mantuvieron con algunos individuos. Estos encuentros tuvieron resultados importantes y de largo alcance y han sido relatados para que recibamos aliento y luz. El amor de Dios por los enfermos es su garantía de que Él lo capacitará para alcanzarlos. ¡Que el Señor lo unja y lo use en este vital servicio!



Tomado de «The Calling of an Evangelist», 1987. Segundo Congreso Internacional para Evangelistas Itinerantes. Usado con permiso. Apuntes Pastorales, Volumen XII, número 3 .

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