Recuperar el equilibrio entre el ser y el hacer es uno de los más grandes desafíos que enfrenta el hombre de estos tiempos.
El transitar confiado por los caminos que el Señor nos indica no depende de lo lógico que resulte escogerlos, sino de la certeza de que quien los traza los conoce bien.
Los quebrantados y desanimados, sin embargo, no andan en busca de una fórmula, sino de una persona que demuestre hacia ellos compasión.
Dios no se limita a un solo método, ni utiliza el mismo medio cada vez que nos habla.
Cuando la iglesia escoge no guardarse lo que ha vivido en presencia del altísimo, no tarda en sentirse el impacto del evangelio en la sociedad.
Estamos tan familiarizados con los acontecimientos del nacimiento de Jesucristo que nos resulta difícil formarnos la idea de que hubo personas cercanas al lugar que se perdieron la oportunidad de ser testigos de ese evento único e irrepetible, en la historia de la humanidad.


