Dios nos perdona la infidelidad con infinita misericordia y nos devuelve a casa para restaurarnos a su servicio.
Todas las conquistas más importantes del mundo exigieron una fuerte inversión de esfuerzo y tiempo
Jesús venció la tentación del yo retirándose en silencio, y al entrar en comunión con su Padre, encontró fortaleza.
Buscar el reino de Dios no es algo espontáneo en nosotros, sino el resultado de una decisión disciplinada.
¡No busquemos las recompensas efímeras, animémonos a echar mano de lo que Dios nos ofrece!
La diferencia entre andar en el Espíritu o andar en nuestras propias fuerzas se encuentra en que, en la primera, estamos atentos a la obra que Dios nos pone a hacer.




