La acción de creer, para los hijos de Dios, es una acción que ocurre primordialmente en la esfera del corazón.
El paso de Jesús por la cruz revela el principio que sostiene la vida en el reino: La sumisión al Padre.
Jesús no podía alterar en nada el curso que el Padre había trazado para su vida, ni podía asegurar algún tipo de beneficio personal en su decisión.
Aun en la hora de su entrega, Cristo seguía comprometido en amar.
Las más apasionadas expresiones de devoción solamente tienen valor cuando están respaldadas por una vida de entrega.
La cruz no es un rodeo o un obstáculo en el camino del reino, ni siquiera es el camino al reino; es el reino que ha venido.


