La manera más sencilla de abrir una vida al toque de Dios es cuando nos salimos del «molde».
Nuestro distintivo de lideres con llamamiento celestial es nuestra preocupación por las personas.
La verdadera naturaleza de un líder, sin embargo, la dan a conocer los que están más cerca de su persona.
El desenlace natural de una visitación celestial debería ser nuestro retorno a una vida enteramente dedicada.
Los ojos pueden ser el medio por el cual se siembra el pecado en nuestros corazones.
El enfoque de que la pureza se logra cuando se reduce al mínimo el contacto con todo lo que nos daña no es el más apropiado.


