Nosotros que evangelizamos a niños no sólo nos interesamos por sus almas sino que también nos interesan sus vidas. Cuando un niño confía en Jesucristo, en la bondad de Dios aún tiene muchos años para vivir para él. El autor Sam Doherty nos hace reflexionar acerca de lo hermoso que es la salvación de un niño.
Un artículo que nos demuestra, con ejemplos de personajes Bíblicos y de grandes hombres de la era actual, que cuando un niño llega a los pies del Señor significa que su vida puede ser bastante fructífera y una gran herramienta al servicio de Dios.
Evangelizar a los niños no sólo significa una vida que se salva, sino también un futuro siervo que podría traer a otros hasta los pies del Padre. En el último artículo de esta serie, el autor Sam Doherty nos pone a pensar sobre la importancia de la vida de los niños.
A mayor edad de la persona, mayor es su resistencia al evangelio, y resulta más difícil alcanzarlos para Cristo. El rechazo continuo hace que el corazón se endurezca más (Hebreos 4:7; 2 Corintios 6:12). Por lo tanto la niñez y la juventud son los mejores años para la salvación, y en consecuencia los campos más fructíferos de evangelización.
Muchos cristianos se convirtieron cuando eran niños. El siguiente artículo nos da ejemplos de grandes hombres que llegaron a Cristo siendo niños. Además, nos hace reflexionar acerca de que si la experiencia demuestra que los niños son bastantes receptivos, entonces ¿por qué nos cuesta tanto evangelizar a los niños y prestarles la atención que merecen?
Los corazones de los niños son tiernos, que pueden ser muy sensibles, y sentirse culpables por el pecado. Pero en Jesucristo y en su evangelio está la respuesta a todas sus necesidades espirituales. Entonces, ¿por qué esperar hasta la adolescencia antes de darles las respuestas que necesitan para los problemas de la niñez?




