Ser mentora es uno de los desafíos más importantes para toda sierva del Señor. Formar a otras en el ministerio requiere sensibilidad, constancia, vivir cerca de la otra, revisar nuestros principios y saber cómo transmitirlos. Este es un ejemplo de cómo ser una mentora.
Le dije a Dios que yo tenía ciertos derechos, y uno de ellos era tener a mi esposo conmigo.
¿Cómo es que algunos llegan a ser instrumentos útiles para Dios y otros no? La clave está en nuestras decisiones y reacciones frente a las circunstancias que atravesamos. Todas las personas a las que Dios usó con poder tomaron la determinación de vivir bajo el señorío de Cristo.
Pienso que nunca es demasiado tarde para recomenzar.
Porque podemos confiar en que nuestro Dios puede sosegar todo conflicto, la mujer creyente debe sentirse fuerte y no dejarse atrapar por la miserable y devastadora autocompasión.
Esconder los sentimientos en el matrimonio es un juego peligroso, pero tan común que muchas veces no se le concede la importancia debida. Quizás te sorprenda saber en cuántas diferentes formas el temor mantiene al marido y a la mujer alejados de esa relación íntima que ellos desearían tener. Todas hemos experimentado ese deseo de conservar nuestra individualidad y, al mismo tiempo, sentirnos unidas con nuestro esposo. En el mismo suspiro decimos: «abrázame, ¡pero no demasiado fuerte!»




