La mayoría de los miembros de las juntas de la iglesia soportan las tareas, pero no necesariamente las disfrutan o son productivos. La autora comparte interesantes consejos y anécdotas que lo ayudarán a tener una nueva compresión de lo que significa ministrar juntos, en lo que ella llama: «comunidad enfocada en la misión».
¿Estamos haciendo justicia con lo que pagamos a las personas que laboran o colaboran de una u otra manera para nosotros? Reflexionemos y actuemos siempre con justicia y de acuerdo a la voluntad del Señor.
Más allá de todos los esplendores de su lengua, más allá de todas las actividades de su administración, más allá de todos sus poderosos y voluminosos escritos, ardía la gloria de un alma viviente: un alma ardiente, imperecedera, suprema. Para él, el cristianismo lo era todo; su fe inspiraba cada acto de su vida, cada momento de su día, cada palabra que pronunciaba, cada letra que escribía. Ese era el secreto de su poder.
Un cuerpo productivo y maduro no es un accidente. Es el resultado de obedecer cuidadosamente las instrucciones de Dios. Al observar la voluntad de la cabeza, los miembros se relacionarán adecuadamente y edificarán al cuerpo.
En ocasiones, estamos tan preocupados por los programas y planeamientos que olvidamos que nuestras iglesias están conformadas por personas comunes que, de lunes a viernes, se enfrentan al mundo real. ¿Cómo podemos ayudarlas? ¿Cómo podemos llevar el ministerio pastoral fuera de la iglesia e impactar vidas?
Todos sienten haber fracasado cuando una familia se retira de la iglesia. Uno dijo: "A veces he podido decir: «Y bueno, uno no puede ganarlos a todos»; pero cuando estoy solo, mi mente vuelve a pensar en ellos. Procuro adivinar los motivos que los impulsaron a irse. Yo sé que no puedo ministrar a todos, pero duele mucho cuando alguien se retira".


