Hay quienes, cuando han hecho mal o dañado algo, piensan que por el solo hecho de pedir perdón todo está resuelto. Necesitamos practicar y enseñar que somos responsables delante de Dios para vivir correctamente, en obediencia a la Palabra ...
Esta es una serie de pensamientos, consejos y consideraciones para los predicadores. En cierto aspecto se presentan de manera jocosa.
La vida normal es desordenada, llena de interrupciones, reveses y no pocos sinsabores. ¡Podríamos frustrarnos para siempre si esperamos el momento óptimo para hacer las cosas! El conflicto y las adversidades son tan parte de este mundo y tan comunes como el mismo aire que respiramos.
La vida de David está llena de enseñanzas y no sólo los episodios más conocidos de su victoria sobre Goliat y el adulterio que cometió con Betsabé. Toda su vida es una mina de motivos de reflexión, aun en los episodios en que David deja de ser un héroe, olvidado por el pueblo que lo admiraba y cantaba sus hazañas.
La «experiencia mística» es un hecho, real o imaginario. Pero la interpretación de la experiencia, hecha por el protagonista, por los testigos, o por quienes solamente han oído el testimonio del protagonista, es otro hecho que debe analizarse cuidadosamente.
El discernimiento requiere de una base para medir si algo es correcto. Las Escrituras forman la base del discernimiento. Cuando no hay una base objetiva, sino que todo es subjetivo, no hay de dónde obtener verdadera seguridad. La opinión de uno es tan válida como la de otro. Para saber si una pared es recta se debe poner una plomada, porque si sólo estimamos «a ojo» seríamos engañados. Como cristianos, únicamente podemos tener seguridad cuando hemos «medido» o examinado un asunto cuidadosamente a la luz de la Biblia, nuestra plomada.


