El enemigo, a lo largo de la historia, ha recurrido básicamente a tres trucos ingeniosos. Uno, hacer que la iglesia crea que el diablo no existe; dos, lograr que la iglesia esté obsesionada con el diablo y los demonios; tres, lograr que la iglesia crea que no puede ser engañada.
Una sencilla y breve meditación para estimular la confianza en Dios en medio de las dificultades.
¿En qué concuerdan y en qué difieren la justificación y la santificación? Esta distinción es importantísima, aunque quizás a primera vista no lo parezca. Por lo general las personas muestran cierta predisposición a considerar sólo lo superficial de la fe, y a relegar las distinciones teológicas como «meras palabras» que en realidad tienen poco valor. Me atrevo a exhortar a aquellos que se preocupan por sus almas a que se afanen por obtener nociones claras sobre la santificación y la justificación. Acordémonos siempre de que aunque la justificación y la santificación son dos cosas distintas, en ciertos puntos concuerdan.
Descubrir la enseñanza concerniente a nuestro Señor Jesús en Hebreos es de lo más estimulante. En el primer capítulo
Hemos estando hablando acerca de las diversas formas como se manifiesta nuestro amor por Dios. Mencionamos la primera, que consiste en obedecerle; y la segunda, que consiste en hablarle constantemente en la intimidad del corazón, hoy hablamos de la tercera.
Un enfoque sano para la gran mayoría de congregaciones que no han sido llamadas a ser mega-iglesias. La página de Apuntes Pastorales comparte con usted, Desarrollo Natural de la iglesia: ocho características básicas de una iglesia saludable.


