Es verdad que los últimos años de un siglo, y sobre todo, los de un milenio, despiertan un gran entusiasmo espiritual y un renacimiento de la religiosidad en múltiples formas. Lo hemos presenciado nosotros; hemos sido testigos de una sorprendente euforia espiritual. Pero en medio de tanto entusiasmo, se hace necesario discernir los contenidos y sopesar las propuestas.
En la generación de Jeremías, la decadencia espiritual del pueblo era la más clara evidencia de lo errado del mensaje que le anunciaban los profetas. Este artículo es una mirada a la predicación en la carne y a la que se hace en el Espíritu. Se basa en reflexiones sobre el capítulo 30 del libro de Jeremías.
El movimiento de Toronto y el avivamiento de Pensacola han generado una cantidad enorme de debates animados entre cristianos en todo el mundo.
Predicadores de un salvador al que quisieran olvidar.
Si alguien mata, asesino es, y el muerto, muerto es. En caso de milagro de resurrección, el muerto no será muerto sino resucitado, pero si es resucitado se deberá a que en su historia hubo una muerte previa.
Los tiempos no podían ser peores para la iglesia. El desaliento, la desesperación y la depresión abatían hasta al creyente más fuerte. Su fe había sido edificada sobre fundamentos seguros y sólidos, pero ahora aquella convicción estaba siendo sacudida. Muchos creyentes estaban al punto de abandonar su fe a cambio de ser aceptados por la sociedad y ser populares. De hecho, varios ya lo estaban haciendo.


