El Hijo de Dios nos llama a ser copartícipes en la vida, no espectadores pasivos.
No importa si los asuntos que nos impiden una entrega absoluta a Cristo sean buenos, debemos desecharlos.
No debemos ser apresurados en nuestros juicios, precisamente por lo poco confiables que son nuestras percepciones.
La iglesia necesita con toda urgencia volver a captar su misión original de hacer discípulos, creando ambientes de intimidad y relaciones que produzcan multiplicación y transformación.
Una original idea para recuperar a personas que han dejado de congregarse.
La formación de discípulos de Jesucristo debe hacerse en el contexto de nuestra vida cotidiana.


