La esencia de la vida espiritual no la definen las actividades que realizamos sino la calidad de la relación que tenemos con Dios.
El sufrimiento es una de las marcas que distingue y confirma la condición de discípulo.
Para seguir a Jesús debemos darle la espalda a aquello que, en otro tiempo, considerábamos bueno e importante.
Nunca debemos considerar nuestro aporte como insignificante cuando ha sido puesto a los pies de Cristo.
En nuestras iglesias hablamos siempre acerca de «orar por los perdidos», pero ¿cómo se hace bíblicamente para doblar las rodillas y orar por nuestros vecinos, amigos y seres queridos, es decir su oikos, que aún no conocen al Señor Jesucristo?
La luz encuentra en las buenas obras su resplandor más pleno.



