Esta bien que nos preguntemos qué es la misión de la Iglesia. Cada uno de nosotros debe hacerse esta pregunta. Y no una vez, sino tal vez repetirla en las diferentes etapas de nuestra vida, ante las circunstancias cambiantes de la Iglesia, de la sociedad, y del mundo en general.
Con la proliferación de los medios de comunicación masiva, se le abrieron a la iglesia incontables posibilidades para hacer su ministerio de evangelización. La radio representa uno de esos medios, muy útil y único. Para la iglesia que desea emplear este excelente medio de comunicación para alcanzar a los perdidos, ofrecemos siete sugerencias.
La exhortación nos es bien conocida. «Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros...» Casi sin esfuerzo, podemos citar el resto del versículo: «sabiendo que como tales recibiremos un juicio más severo » (St. 3.1). Lo que nos resulta más complicado es entender el porqué de tal exhortación...
Si desea formar un ministerio de grupos pequeños, células o grupos de hogar en su iglesia, o tal vez re-organizar el ya existente, este artículo es para usted. El autor comparte con nosotros la metodología que utilizan en su iglesia para formar y mantener grupos pequeños de impacto.
Sin pasar por alto que los tradicionales métodos de evangelización y edificación siguen vigentes, el autor desarrolla cómo hacer posible el discipulado mediante la descentralización de la iglesia.
En el año 1954, para ser más preciso en el mes de junio, a los 18 años y por primera vez entraba en un templo evangélico. Tenia todos los temores propios de un judío; temor a encontrarme con un grupo de antisemitas, que me acusaran de que mis antecesores mataron a Jesús, etc. Este es el pensamiento en general de los judíos. Tenia temor a que algún Goin (un no judío, algún gentil) se burlara de mí por ser judío, temor a que me obligaran compulsivamente a "convertirme al cristianismo", como lo recuerda aún todo judío que vivió los tiempos de la inquisición en España, en 1492. Entonces, la reina Isabel ("la Católica"), instigada por su sacerdote confesor Torquemada, obligaba a los judíos a escuchar los sermones en las iglesias católicas y los obligaban a cristianizarse. Debían abandonar su judaísmo o eran expulsados de España y otros países, confiscándoles todos sus bienes. Muchos judíos sefardíes salieron de España, otros simularon convertirse (a éstos se los llamaba "marranos"). ¡Cuántas desconfianzas y barreras; cuánto rencor y resentimiento arrastra cada judío "en su aguda tradición oral de los 2.500 años de antisemitismo"! Contrariamente a lo que esperaba de los goins, mi sorpresa creció cuando escuché el sermón; hablaba de Isaac, como se llamaba mi abuelo, de Ester, como mi abuela. La experiencia mayor me cuando recitaron "Romanos 1.16: "porque no me avergüenzo del evangelio porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree, al judío primeramente y también al griego"


