Ya que el carácter del líder determina el carácter de sus seguidores, debemos asumir el compromiso de que nuestra vida sea en santidad.
En la conversión el ser humano no tiene ningún rol protagónico, es Dios quien se mueve buscando al hombre.
Cuando buscamos transmitir lo que estamos aprendiendo, las verdades adquieren aun mayor nitidez, pues nos vemos obligados a reflexionar detenidamente en las implicaciones de aquello que hemos oído.
La iniciativa de construir con nosotros una relación es exclusivamente del Señor.
Mucho antes de que nosotros lleguemos con nuestras peticiones y nuestros deseos, él ya está consciente de todas ellas.
Dios ofrece intervenir en el lugar donde se cultiva la vida plena, en nuestro interior.


