Nuestras palabras también impactan a aquellos que están a nuestro alrededor.
Nuestros propios actos nos dan valiosas pistas acerca de la clase de personas que somos.
Así como nuestras obras exponen la clase de persona que somos, también las palabras revelan el estado de nuestro corazón.
Nuestro estilo de vida bien puede contribuir al reino, pero también lo puede perjudicar.
Las palabras de Jesús claramente revelan que llevaba adelante su ministerio en el poder del Espíritu.
La división no es meramente un tema de diferencias de opinión, sino un verdadero obstáculo.


