Nuestra actitud y forma de actuar tiene un peso decisivo a la hora de analizar el mundo a nuestro alrededor.
Solo podemos conocer al Padre ¡por pura gracia! Solo Cristo es quien puede mostrarlo.
El afán por asegurar nuestro propio bienestar puede tornarse en un verdadero escollo a la hora de caminar.
Vivamos a plenitud cada día, con sus cosas buenas y malas, de modo que no tengamos, a la noche, de qué lamentarnos.
El Señor nos invita a estar ocupados en los desafíos que enfrentamos a diario, no preocupados.
Buscar el reino de Dios no es algo espontáneo en nosotros, sino el resultado de una decisión disciplinada.


